Cuestión de perspectiva.

Deseaba hacer una publicación para celebrar mi cumpleaños (35 años, ¿quién diría que llegaría tan lejos?) pero hace ya más de un mes que eso ocurrió y estando tan metido en mis rollos y problemas no me había dado el tiempo.

Y es que, ¿de qué podría hablarles? Al menos por principio de cuentas no podía pensar en nada interesante que decir, al menos para mi, seguía siendo en apariencia el mismo Sergio de siempre, sólo que ahora era un año más viejo.

Sin embargo; y a más de un mes de esa fecha y de haber estado los últimos días enfermo, lo cual da bastante tiempo para pensar, me he dado cuenta de algo. Sí que he cambiado.

Es decir, en esencia sigo siendo la misma persona, al menos el rostro que veo en el espejo todos los días no ha cambiado demasiado. El cabello quizás un poco más largo, algo de ojeras, esas cejas que mi hermana envidia, la barba un poco más larga, los kilos de más (muchos, chale), y ese cansancio que parece seguirme a todas partes.

Pero al ver un poco más, al revisar más el fondo que la textura, me encontré con pequeños cambios, algunos demasiado sutiles como para ser descubiertos a primera vista, y eso me puso feliz. Feliz porque me di cuenta, como me he dado cuenta muchas otras veces, aunque pareciera que siempre lo olvido y tienes que esforzarte por estármelo recordando todo el tiempo, que no importa cuánto me esfuerce, los cambios producidos por mis ganas de querer cambiarme en realidad no duran casi nada.

En cambio tú sueles ser más discreto pero perseverante, y haces cosas en mi que yo apenas y alcanzo a ver. Y es verdad, hay mucho en mi que no me gusta, incluso, hay algunas cosas en mi que odio profundamente, pero me has enseñado a ser menos duro conmigo, a amar-me más y mejor, y es padre ver que el rostro en el espejo, aunque cansado y todo ahora sonríe más fácil, se deja ir en lugar de aferrarse, es un poquito más libre.

Así que, este año que comencé, con sus retos y todo pinta bastante bien, me hace feliz saber cada día con un poco más de certeza que tu estás aquí, gracias por ser tan paciente conmigo.

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Lo que aprendí de un día difícil.

Hay días en que las cosas simplemente no parecen querer ajustarse a nuestros planes. Malas decisiones, eventos inesperados y cosas fuera de nuestro control suceden cada día, algunas veces como hechos aislados, a veces como un combo breaker del mal que es capaz de arruinar nuestro día.

Hoy para mi fue uno de esos días, y no es que me hayan asado cosas particularmente malas o nefastas, dirás que soy una nena pero creo que fue el simple hecho de que se sucedieran una tras otra lo que consiguió romperme al punto de que llegada la tarde había llegado al punto de casi cuestionarme el por qué de mi existencia (soy un dramático, lo se).

Pero una vez pasada la tormenta, y habiendo asimilado que hay cosas que simplemente yo no puedo controlar, pensé en unos versículos que leí hace algunos días:

“Todos ellos arden como un horno, y devoran a sus jueces; todos sus reyes fracasan, pero ninguno de ellos me pide ayuda. Gente extraña ha acabado con su fuerza, ¡y él ni cuenta se ha dado! Hasta canas le han salido, ¡pero él no se da por enterado!” Oseas 7:7,9

Llegado este punto y al recordar lo que había ocurrido a lo largo de mi día terminé pensando en que, por más complicadas que parecían ponerse las cosas, en ningún momento se me ocurrió acudir a Dios en busca de ayuda, y ya no digamos ayuda, simplemente un poco de ánimo para levantar la cabeza y seguir adelante con las cosas que había que hacer en el día.

¿Te ha pasado? A veces he caído en cuenta de que me siento muy solo, pero es porque quiero, si algo he aprendido en este tiempo es que Jesús está ahí, siempre presente, siempre dispuesto a escucharte siempre a hablar contigo, a darte ánimos, a ayudarte a encontrar una salida.

Él nos llamó sus amigos, y no se me ocurre mejor persona a la cual tener como amigo que a él.

Quizás sea el tiempo de intentar establecer un nuevo tipo de relación con Dios, donde podamos mostrarnos delante de él tal y como somos, finalmente, él ya lo sabe,  así que al final al único que estamos haciendo tonto es a nosotros mismos.

Imagínate que nuestros hijos nos hablaran como nosotros le hablamos a Dios, yo creo que sería algo bastante gracioso de ver: Oh gran padre, tu que en tu misericordia provees de tortillas y huevos a esta casa, ¿serías tan amable en tu gracia y poder de hacerme un taco?

¿Suena raro, y hasta chistoso no?

No me refiero a que perdamos la reverencia, temor y honor que Dios se merece, pero a veces me parece que nos pasamos de solemnes y hasta de místicos, queriendo utilizar términos que suenan sumamente espirituales (según nosotros) pero que ni siquiera entendemos.

Qué diferente sería si en ves de querer parecer tan espirituales y no tan pecadores nos acercáramos a Dios con una actitud honesta y transparente y poder decirle cosas como: Señor ayúdame, realmente no se que hacer, no encuentro por donde, tengo este problema. Señor, quiero ser un hombre que provee para su casa, quiero cambiar, ser diferente, ayúdame por favor.

No podemos esperar ser cambiados por Dios si no nos acercamos a Dios, pero levantamos muros entre él y nosotros al querer aparentar ser algo que no somos delante de él.

Así que te animo a intentar este nuevo enfoque, a acercarte a Dios de una forma diferente. Atrévete a pedir ayuda, a reconocer que no siempre las puedes todas, que te equivocas, que necesitas ser salvado, aún de ti mismo.

Te mando un abrazo, nos vemos pronto.

De procesos

Cuando decidí que retomaría las riendas de este blog sabía que tendría varias cosas en contra, comenzando por mi propia desidia para hacer las cosas, mi falta de organización y disciplina cuando se trata de hacer las cosas conforme a una agenda es algo que me ha traído problemas antes y era bastante consciente de que en esta ocasión también lo sería.

Y no es algo que me guste presumir. En mi escritorio se acumulan los libros a medio leer, en mi laptop hay cada vez más películas esperando a ser vistas, pendientes de hace semanas, meses, incluso años.

Si en verdad la vida son círculos como suele decir la gente, entonces yo tengo demasiados de ellos sin cerrar. Y, ¿te digo algo? Con el paso del tiempo han ocurrido dos cosas, la primera, comencé a ver la acumulación de esos temas pendientes como algo normal y comenzó a dejar de importarme, pero a la vez, y esta es la segunda cosa, conforme me he ido percatando de todo esto, se ha vuelto cada vez un peso más y más grande en mi vida.

Se que en este punto todo lo que te digo parece sumamente random, pero créeme, en algún momento voy a llegar a donde quiero llegar con estas líneas.

J.R.R. Tolkien escribió “no toda la gente errante anda perdida”, sin embargo; yo me he cansado de vagar, y si algo tengo que reconocer es que la gracia de Dios ha sido un faro para mi en este tiempo, más como Drexler dijo: “no es la luz la que importa sino los 12 segundos de oscuridad”.

¿Qué haces en ese momento donde la luz del faro no puede ser vista y no sabes en realidad que tan cerca o lejos estas de la costa? ¿Qué decisiones vas a tomar? ¿En qué dirección vas a ir?

Si algo he aprendido de este tiempo es que en realidad, no tengo las respuestas a estas preguntas, no todavía, y podrías pensar que es una situación bastante mala y complicada (lo es), pero si algo he aprendido de un tiempo atrás para acá es que no podemos decir que hemos conocido a Dios si no hemos pasado por tiempos duros junto a Él.

Y aunque hay días en que me siento sumamente solo, hay muchos días más en que me siento sobrepasado de amor, y solamente puedo decirte esto: No desestimes el proceso, Dios te quiere llevar a algún lugar, y en su tiempo sabrás cual es, confía, y aunque no está mal poner los ojos en esa meta, no desestimes tu proceso, Dios está más interesado en tu proceso de lo que te imaginas.

Nos vemos pronto.

El poder del perdón

Alguna vez lo has vivido ¿no es cierto? Estas en medio de tu día, metido en tus asuntos cuando de repente algo ocurre, quizás sea algún objeto, algún detalle, quizás una voz, un aroma que te resulta demasiado familiar, el punto es que sin pensarlo demasiado recuerdas a una persona, más no cualquier persona, recuerdas a ese alguien que te lastimó.

Quizás han pasado algunas horas de que eso ocurrió, quizás sean días, quizás años, pero hay que sin importar el tiempo que haya pasado es verdad, el dolor de la herida es tal como si justo en este preciso momento estuviera ocurriendo todo otra vez.

Y ambos sabemos quién es esa persona, es justo esa persona en la que pensaste al terminar de leer el primer párrafo de este texto. Y, tu y yo lo sabemos, no es un recuerdo agradable, y nuestros deseos para con esa persona tampoco lo son.

Y es que, seamos honestos, todos hemos escuchado esos versículos de la Biblia que nos hablan del perdón. Si alguna vez has leído al menos los evangelios te habrás encontrado una y otra vez palabras como estas:

“Aun si la persona te agravia siete veces al día y cada vez regresa y te pide perdón, debes perdonarla».”

Lucas 17:4

Difícil, ¿no crees?

“»Por lo tanto, si presentas una ofrenda en el altar del templo y de pronto recuerdas que alguien tiene algo contra ti, deja la ofrenda allí en el altar. Anda y reconcíliate con esa persona. Luego ven y presenta tu ofrenda a Dios.”

Mateo 5:23-24

Pareciera que Dios nos está pidiendo demasiado ¿no te parece? Incluso podrías llegar a pensar cosas como: “Pero Señor, tú sabes que lo que me hizo fue muy grave, no sé si algún día pueda perdonarle” o quizás algo más del estilo de: “Dios, no quiero perdonarle.”

La dura verdad es que perdonar no es fácil, nos encontraremos con que, si el daño recibido fue grande, o bien, se ha dejado añejar por largo tiempo, podremos acudir delante de Dios y de todo corazón soltar a la persona solo para encontrarnos al poco tiempo con que el dolor sigue estando muy presente.

Quizás no es una herida del pasado, y estás enfrentando una situación en este tiempo la cual está rompiendo tu corazón y tu vida. Quizás estas pasando por una separación en tu matrimonio, quizá es el desprecio de un familiar muy cercano, o quizá peleaste con un amigo muy amado por ti y ahora pareciera que la amistad está irremediablemente dañada.

La cosa con el perdón es esta: Si bien pareciera que es algo que le das a alguien más, en realidad es un regalo que te das a ti mismo.

Y aún más importante, el ejercer el perdón no tiene como requisito que la otra persona reconozca siquiera que nos ha hecho daño, muchos menos que este arrepentid de ello, como dijo Andrés Corson:

El cambio en la vida de la persona que perdonamos, no es la condición que le ponemos a esa persona para perdonarla, sino que es el resultado que produce en ella el saber que fue perdonada.

Pero aún si la persona no cambiara nunca o no reconociera nunca el daño que nos causó, al perdonarle somos libres de ella y podemos seguir adelante con nuestra vida.

Y es que tienes que entender una cosa: la falta de perdón te esclaviza, te estanca, y frena el avance de tu vida en maneras que no puedes ni siquiera imaginarte, daña tus demás relaciones, y peor aún, te mata por dentro, la amargura que produce en el corazón es tal que al paso del tiempo no te reconocerás a ti mismo al verte en el espejo.

Sé que no es sencillo, nos aferramos al dolor y a las heridas pues justifican el rencor que sentimos, la amargura que hemos permitido y el no tener que cambiar nada en nosotros pues fueron “ellos” quienes los lastimaron.

Y como decía algunas líneas atrás, pareciera que Dios nos está pidiendo demasiado, pero, ¿no es exactamente eso lo que Él hizo? ¿Acaso no vino Jesús a morir para que pudieras encontrar el perdón del Padre aún antes de que siquiera existieras?

“¿No te das cuenta de lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios contigo? ¿Acaso eso no significa nada para ti? ¿No ves que la bondad de Dios es para guiarte a que te arrepientas y abandones tu pecado?”

Romanos 2:4

Jesús permitió que lo golpearan hasta desgarrarle la piel y los músculos, desangrándose, cargó una cruz de aproximadamente 136 kilos, al llegar al lugar donde sería asesinado, clavaron sus brazos y piernas a la cruz, sufrió una muerte horrible, todo por amor, para que tú y yo pudiéramos encontrar el perdón de nuestros pecados y el camino de vuelta al Padre y a nuestro verdadero hogar.

Dios sabe de qué habla cuando habla de perdonar a otros, aun cuando ellos no estén arrepentidos.

Toma el riesgo de aplicar el perdón sobre tu vida y la de otros, toma de Dios la voluntad para soltar a esa persona que te hizo tanto daño y recuperar tu vida. Decídete a soltar y dejarle a Dios el resto.

Perdonamos a otros no porque queramos o se lo merezcan, perdonamos a los demás porque nosotros mismos hemos sido beneficiarios del perdón cuando menos merecedores éramos de el. Perdonamos por amor, pues ya alguien nos amó primero, tanto, como para dar su vida por nosotros.

Bienvenido de nuevo a tu vida.

Amaneceres

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“Los finales y los grandes comienzos, vienen juntos. Si quieres un gran comienzo, algo tiene que terminar”

-Andrés Spyker

Gracias por todo 2016, comenzaste siendo uno de los años con más incertidumbre en toda mi vida y terminas siendo una promesa, una expectativa de tiempos mejores. Es verdad, me doliste hasta lo más profundo, para mi, representaste un tiempo de soltar cosas a las que me aferré durante años, de abrir los ojos a realidades que durante mucho tiempo no quise ver, fuiste también un año de pérdidas, lloré una y otra vez, pensé, en algún momento, que serías el último año de mi vida.

Pero 2017 ha amanecido y sigo aquí.

Lo último que escuche de alguien ayer fue a M. diciendo: “Vienen cosas bonitas”, a lo que yo respondí: “En realidad ya han comenzado a llegar.”

Y créeme cuando te digo que no es el simple positivismo que la mayoría suele cargar encima en estas fechas, no señor, al mirar los últimos días del 2016, donde fuí depresivo y peligrosamente suicida, no puedo sino darle gracias a DIos por mi familia, mis amigos y cada una de las personas que Él puso a mi alrededor, porque he podido ver su amor y cuidado, en el abrazo de mis amigos, en los besos de mis hijos, en la compañía de personas que estuvieron a mi lado a pesar de que estaba diciéndoles que planeaba tomar mi vida, en un helado de coco regalado por una completa extraña, en cada día que se me permite estar aquí y respirar este aire, sentir el calor o el frío, por el regalo que es estar vivo.

Comienzo el 2017 con esperanza en el corazón, con metas que alcanzar y nuevos sueños, y es que como platicaba con M., sabemos que Jesús es nuestra meta y hacia Él corremos, pero es el viaje el que te cambia, te transforma y que te lleva a nunca más ser el mismo.

Feliz 2017 para ti, mi deseo para mi y para ti es que 2017 sea un año lleno de risas, de alegrías, de divertidas sorpresas, de momentos que te roben el aliento, de lágrimas de felicidad, de noches de café, de amaneceres en la playa, de viajes por carretera que lleves contigo por el resto de tu vida, de bailes a la luz de las estrellas, de conocer a Dios, de admirar la grandeza de esta creación y de meterte en lo profundo de su amor. Disfruta cada instante pues como dijo sabiamente M., vienen cosas bonitas.